Apuntes sobre políticas públicas de generación de trabajo e ingresos, y construcción de ciudadanía Imprimir E-Mail
Escrito por Secretariado Ejecutivo   
jueves, 30 de septiembre de 2004

Charla del Lic. Fernando Casanova realizada el 29 de setiembre de 2004 en la sede del CEE/Ayuí


1. Algunas consideraciones previas en torno al empleo y el trabajo Una de las primeras cosas a plantearnos actualmente, es si es pertinente continuar hablando de “políticas de empleo” o si más bien deberíamos referirnos a “políticas de trabajo y generación de ingresos”. Esto más que un cambio en la terminología, estaría reflejando uno de los cambios más importantes en nuestras sociedades: el empleo está dejando de ser la forma predominante o típica, bajo la cual se organiza el trabajo. La organización del trabajo en empleos, entendidos éstos como formas de vinculación laboral en relación de dependencia, asalariada y por lo general estable, ha dejado de ser la pauta predominante en los mercados de trabajo, incluido el uruguayo. Hoy encontramos una variedad amplia de formas de relación laboral, junto al empleo tradicional: cuentapropismo, empresas unipersonales que ofrecen productos o servicios (a veces enmascarando relaciones de dependencia bajo la forma de una relación comercial), trabajo no remunerado en el ámbito familiar, microemprendimientos. La parte que corresponde al empleo asalariado ha sufrido, a su vez, cambios de importancia. Mientras que hasta la década de los setenta el empleo industrial tendía a crecer y representaba una parte significativa del total de los ocupados, en las últimas décadas se produce un desplazamiento hacia el sector terciario (comercio y servicios). Se produce a su vez un crecimiento del sector informal de la economía, sector en el cual (además de otras formas de trabajo) se cuentan asalariados. La estabilidad se ha perdido y, aun en la mejor de las hipótesis (que una persona logre mantenerse de forma más o menos permanente en actividad), es esperable que cambie no ya de empleo, sino de tipo de relación laboral varias veces a lo largo de su vida. La regulación que caracterizó a las relaciones laborales hasta la dictadura (y brevemente después, durante el primer gobierno de Sanguinetti) con amplia cobertura de la negociación colectiva, se desmontó por la vía de los hechos (y no mediante una ley especial como en otros países). Otra cuestión, igualmente importante, es que el desempleo se ha instalado como un fenómeno permanente. Esto contrasta con las característicasde este problema en el pasado, cuando tendía ser coyuntural y cíclico, en general asociado a períodos recesivos. De modo general, tendía a suponerse que, en el largo plazo, el crecimiento sería sostenido y con él, el crecimiento del empleo. Hoy el desempleo se mantiene en niveles altos aún durante períodos de crecimiento, siendo necesarias tasas de crecimiento cada vez más altas para conseguir incrementos significativos en el empleo. En una mirada clásica, el desempleo suele descomponerse en tres tipos: (a) aquel que se deriva de la ineficiente comunicación entre oferta y demanda, (b) el que se deriva de un desajuste entre las calificaciones o competencias de los trabajadores y las efectivamente demandadas por las empresas, (c) el que se produce por la baja demanda de trabajo. Estos tres tipos de desempleo requieren de soluciones diferentes, como se verá más adelante. Sin embargo, interesa destacar aquí un problema nuevo y acuciante: el del desempleo de larga duración, aquel que mantiene a las personas por uno año, dos años o más, fuera del mercado de trabajo. Las consecuencias de este problema a todo nivel (personal, familiar, social, profesional), resultan sumamente complejas, máxime tomando en cuenta que estamos hablando de un grupo de creciente peso en el total de desempleados. La precariedad laboral es otro de los problemas a considerar. A los fines estadísticos, la población ocupada en empleos precarios comprende a aquellos que perciben un salario en el sector privado de la economía, pero que no están amparados por el sistema de protección social, o que buscan otro trabajo porque entienden que el actual es poco estable, o está ocupado en la categoría trabajador familiar no remunerado. Sin embargo, y en una concepción más amplia, puede considerarse como empleo precario aquel cuyo nivel de ingresos es insuficiente (por el propio nivel de remuneración o por la escasa cantidad de horas trabajadas) e impele a las personas a buscar fuentes de ingreso complementarios. Este problema afecta fundamentalmente a aquellos ocupados en el sector informal, pero abarca también al sector formal, merced a diversas formas de contratación atípicas. En resumen, cabe afirmar que el empleo, en tanto forma de organizar el trabajo, ha dejado de ser la forma típica, hegemónica o predominante en nuestra sociedad (y otras). El trabajo se reparte y organiza bajo múltiples formas, en lo que parece ser una tendencia consolidada. Ello nos lleva a las siguientes preguntas: ¿deberíamos encaminar nuestros esfuerzos al objetivo de pleno empleo, o sea, al logro de una situación donde ésta sea nuevamente la forma predominante de organizar el trabajo? ¿O deberíamos, por el contrario, esforzarnos por comprender las actuales dinámicas del mercado de trabajo, procurar la mejora de su calidad (dignificación del trabajo en todas sus dimensiones) y, en definitiva animar el desarrollo de aquellas (diversas) formas de reparto y organización del trabajo que aseguren el bienestar general? Lo primero parece a estas alturas improbable. Para lograrlo, sería preciso que se produjese una expansión inusitada del empleo en el sector formal y más moderno de la economía. Pero en Uruguay y toda la región, la experiencia indica que si bien este sector puede expandirse y continuar representando una parte significativa del producto, no es generador de empleos o al menos no al ritmo que se necesitaría. La generación de nuevos empleos ha venido más bien desde el sector informal y, dentro de él, de las microempresas. Es por lo tanto un empleo de baja calidad y precario en términos mayoritarios. Es decir que el desempeño del sector formal y moderno debería ser milagrosamente mejor para superar el déficit actual de empleo. Pero además habría que suponer, aún en el caso de semejante expansión, que es posible dar marcha atrás en las formas de operar y contratar servicios que muchas de estas empresas han venido desarrollando en las últimas décadas. Lo segundo es, en cambio, más probable, aunque no por ello sencillo. En definitiva, estaríamos planteándonos asegurar el derecho a un trabajo (bajo la forma de empleo, u otras) y a un ingreso digno. En este marco, y entre otras opciones, las personas pueden:
  • estar trabajando como asalariados (empleo en relación de dependencia)
  • ser cuentapropistas
  • ser emprendedores (empresarios)
  • ser emprendedores bajo modalidades diferentes a la empresa capitalista (p.e. cooperativas)
  • ser parte de un emprendimiento social
  • otras
Cualquiera de estas opciones es posible y válida si:
  • permite hacerse con un ingreso digno (que alcance a cubrir las necesidades de la persona y su núcleo familiar
  • está amparado por la seguridad social
  • se puede participar en la toma de decisiones sobre temas que le afectan y existe el derecho a la organización, representación y negociación
  • se trabaja en condiciones adecuadas (medio ambiente de trabajo, seguridad e higiene laboral)
  • se tiene acceso a oportunidades de formación permanente
  • se tiene acceso a redes de apoyo en materia de asistencia técnica y crédito, en función de cada caso y sus necesidades
  • no se sufren situaciones de discriminación en función de género, edad, raza, etc.
Pasemos ahora a plantear algunos abordajes potencialmente útiles para acometer tal desafío. 2. Estrategias contra el desempleo (algunas recetas clásicas) Como ya se dijo antes, se suele atribuir el desempleo a tres tipos de causas.
  • Ineficiente comunicación entre oferta y demanda
  • Falta de correspondencia entre las competencias de las personas y las efectivamente demandadas por el mercado de trabajo
  • Una insuficiente demanda de trabajo
Dejaremos esta tercera para los siguientes apartados, ya que en ella intervienen factores diversos (con diferentes peso o importancia) y porque allí esta el meollo de una estrategia destinada a animar la actividad económica y la generación de oportunidades de trabajo. Información y orientación laboralLa primera causa, se basa en el supuesto de que en el mercado existen empresas u otro tipo de unidad productiva que demandan trabajadores con determinadas competencias, y que a su vez dichos trabajadores existen. El problema radicaría en que unos no dan con otros, o demoran en hacerlo. Ese tiempo de búsqueda de empresas y de trabajadores genera desempleo. Se trata en general de un tipo de desempleo de bajo peso en el total pero, en contrapartida, es de los más sencillos de resolver, ya que es básicamente un problema de comunicación. La herramienta usual aquí son los servicios de información y orientación laboral. Cuando existen en la órbita pública, estos servicios pueden ser centralizados (por ejemplo en el Ministerio de Trabajo) o descentralizados (por ejemplo en las Intendencias). En Uruguay existe algo parecido en el ámbito de la Dirección Nacional de Empleo (DINAE), pero su cobertura es muy baja y no existen evaluaciones que permitan abrir juicios acerca de su eficacia y eficiencia (aunque desde el sentido común cabe suponer que funciona poco y mal). En los ámbitos municipales se ha intentado algo similar, por ejemplo a través de las oficinas municipales de juventud. Pero en términos generales se puede afirmar que en el País no existe aún un servicio (o sistema) de información y orientación laboral con la cobertura, calidad y difusión que se requeriría. Lo que sí existe son las agencias privadas de colocación, que trabajan básicamente las áreas de servicio doméstico, actividades de limpieza o seguridad. Una propuesta en este sentido, podría ser la construcción de un sistema nacional de información y orientación laboral (antes que una oficina, departamento o servicio). Es decir, una red regulada desde el Estado, donde participan agentes tanto públicos como privados. Lo clave aquí es contar con el máximo de ventanillas de atención que aseguren una amplia cobertura, pero que a su vez estén interconectadas entre sí sobre la base de un mismo sistema de información actualizado en tiempo real. Es una red en el sentido más puro del término, que puede incluir al MTSS, a las intendencias, a los centros educativos, a los centros de capacitación, a ONGs y otros. A su vez deberían poder vincularse en forma física o virtual (Internet) empresas y trabajadores. El sistema puede complementarse y articularse con otros subsistemas, como aquellos que puedan desarrollar, centros de educación y capacitación, cámaras empresariales, sindicatos. Lo clave está en asegurar la conectividad y el acceso de los usuarios (oferentes y demandantes de trabajo). Tampoco tendría por qué restringirse a la oferta y demanda de empleo, sino que también puede generar espacios para el encuentro en oferta y demanda de servicios y productos. Existe amplia experiencia internacional en este sentido a la cual se puede recurrir a la hora de definir más precisamente el diseño y funcionamiento de esto. Correspondencia entre competencias ofrecidas y demandadasEl peso de este factor es siempre discutido y su sobreponderación ha sido uno de los argumentos esgrimidos para atribuir el desempleo a la educación y la formación profesional. También ha sido la fuente de algunos reduccionismos, que partiendo de la base (verdadera) de que la educación y la formación profesional deben acompañar los cambios tecnológicos y laborales, acaban proponiendo que el único mecanismo válido de orientación de la oferta educativa y de formación es lo efectivamente demandado por las empresas (o, mejor dicho, los empresarios individualmente considerados). Se puede sí conceder que la educación y la formación profesional (incluida la capacitación) deben orientarse por la demanda. Ahora bien, el debate se traslada a qué entendemos por demanda. Esta es, en nuestra concepción, al menos las siguientes cosas:
  • Aquello que manifiestamente expresa como requerimientos tanto el sector privado como el público
  • Aquello que, si bien constituyen necesidades, no alcanzan a formularse como demandas, en función de debilidades en materia de organización, capacidad de presión, falta de información, etc., que afecta a diversos grupos y colectivos (del mismo empresariado, o grupos sociales, o trabajadores del sector informal, etc.). ¿Cómo hacen para formular sus demandas las microempresas que no saben si están ganando o perdiendo, los cuentapropistas, los desempleados, las mujeres jefas de hogar, los jóvenes? Hacen falta políticas especiales que apoyen el desarrollo de capacidades de organización y gestión en estos colectivos.
  • Aquello que está por venir. Si bien es verdad que vivimos en un mundo donde la incertidumbre domina, eso no quiere decir que se deba renunciar a todo ejercicio de anticipación. Existen tecnologías ya creadas y aplicadas que aun no llegan al país. Es preciso conocerlas y analizar su potencial impacto sobre el empleo, sobre las calificaciones de los trabajadores, sobre las formas de organizar y administrar el trabajo, sobre la productividad. La prospectiva es también un objetivo de política.
  • Pero también, y tal vez más importante que todo, la demanda tiene que ver con lo que se quiere para el futuro (para las personas, las comunidades, la sociedad, el país). En este sentido, la educación y la formación profesional vuelven a vincularse con la idea de la visión de país (o de localidad, región, sector). Esto implicar objetivar lo que en principio es subjetivo. Implica incorporar los puntos de vista, intereses y objetivos diversos que en la sociedad existen. ¿Cómo? No existe otra receta que la participación y el diálogo social. Esto último lo desarrollaremos más adelante porque tiene que ver con más dimensiones que la estrictamente educativa.
No nos ocuparemos aquí de los temas de política educativa propiamente dicha, por lo menos de aquella que se ubica bajo el rótulo de “educación general”, aunque de más está decir que la educación primaria, secundaria y superior no pueden ser espacios autorreferentes, sin ningún tipo de correspondencia con las sociedades a las cuales sirven. Si dedicaremos algo más de espacio a lo que se denomina como “formación para el trabajo”, más directamente vinculada con los temas de empleo, donde la introducción de innovaciones puede producir efectos a más corto plazo (a diferencia de las políticas educativas generales, cuyos efectos se hacen sentir al cabo de 10-15 años). Grosso modo se puede delimitar en este campo tres áreas de acción:
  • La formación “inicial”, es decir, aquella dirigida fundamentalmente a jóvenes que buscan insertarse en el mercado de trabajo.
  • La formación “continua” o dirigida a los trabajadores activos, como forma de actualización de sus competencias.
  • La formación orientada a aquellos trabajadores desplazados de sus ocupaciones originales, por lo general desempleados, y que requieren una nueva formación para insertarse en nuevas ocupaciones.
Estos tres campos son actualmente atendidos en forma dispar en el país. La formación inicial se encuentra mayoritariamente concentrada en el Consejo de Educación Técnico Profesional (ex-UTU), un organismo a medio camino entre una oferta de educación técnica escolarizada y una oferta de formación profesional (aunque es, sobre todo, lo primero). Junto a él, y también en el sector público (dependiendo del MEC) está el Centro de Capacitación y Producción (CECAP) que atiene a jóvenes de hogares pobres mediante la modalidad de “talleres productivos”. Esto se complementa con una oferta privada, a cargo de academias e institutos (que ofrecen sobre todo capacitación en servicios) y diversas instituciones sociales y ONG (Don Bosco, Tacuruses, Emaús, Kolping, etc.). Existe simultáneamente un Programa público, PROJOVEN, gestionado y financiado del desde el MTSS (JUNAE), que opera mediante licitaciones públicas, de las cuales participan prácticamente todos los anteriores actores. La formación continua para trabajadores activos prácticamente no existe. En forma institucionalizada sólo habría dos instancias: el Centro de Capacitación Profesional (CECAP) y la División de Asesoría y Desarrollo Empresarial (DADE, ex Departamento de Formación en la empresa). CECAP fue creado en tiempos de la dictadura, y no cumple con los fines para los cuales habría sido creado (básicamente vende cursos en forma privada y licita cursos de JUNAE). El DADE, por su lado es todavía algo en desarrollo y es fuente de discusiones en el CETP acerca de como debería ser su operativa definitiva. No obstante esto último, el CETP hace más acciones y con mayor cobertura en este campo que el CECAP. Si es interesante anotar en este mismo campo, las iniciativas que, vía negociación colectiva han aparecido en diversos sectores, en algunos casos bajo la forma de proyectos o programas, y en otros con visos de una mayor institucionalidad. Algunos de estos casos son:
  • El de la construcción, donde existió un programa de capacitación de delegados de obra afiliados al SUNCAen funciones de control de la seguridad en el trabajo, con financiación del MTSS vía JUNAE, y que logró abatir en forma importante los índices de siniestralidad en el sector. También se desarrolló un proyecto bipartito (cámaras y sindicato) de actualización de categorías profesionales hasta arribar a perfiles profesionales con base en competencias laborales. Finalmente, en el convenio colectivo de 1996 se acordó priorizar las acciones de formación profesional para trabajadores y empresarios del sector, creando un fondo específico a tal fin (que es parte del Fondo Social de la Construcción) y una entidad específica para gestionarlo (la Fundación de Capacitación de los Trabajadores y Empresarios de la Construcción). Con relación a esto último, el fondo existe, pero la Fundación no ha logrado despegar y no se han ejecutado acciones.
  • El de la celulosa y el papel, donde en la principal empresa del sector, FANAPEL (Juan Lacaze, Colonia) se desarrolló a menos durante un tiempo un programa bipartito de capacitación de representantes de los trabajadores y de la gerencia en los enfoques de formación con base a normas de competencia laboral, como base para el desarrollo de programas de desarrollo interno de personal.
  • El metalúrgico, donde el convenio colectivo del pasado año compromete a las partes, entre otras cosas, a trabajar por la construcción de un sistema de formación continua para el sector (algunas acciones ya se viene desarrollando en este sentido).
  • Finalmente, este tema ha sido abordado en otros sectores como el bancario, aéreo y frigorífico.
Con relación a la formación o recapacitación de trabajadoresdesempleados, lo que hay en el país es básicamente el Programa PROCAL, gestionado desde JUNAE y financiado mediante el Fondo de Reconversión Laboral (FRL). A él tienen derecho los trabajadores beneficiarios del seguro de paro, que pueden inscribirse en los cursos que ofrecen la Entidades de Capacitación (ECAS) registradas ante el MTSS. Si bien existen evaluaciones sobre este Programa, no han sido difundidas en forma amplia, lo que permitiría conocer entre otras cosas, cuál es la calidad de los cursos impartidos, y qué impacto han tenido sobre la situación laboral y los ingresos de los participantes. Hay aquí una situación compleja que impide realizar juicios taxativos. Este y otros programas, son gestionados por la JUNAE, órgano tripartito (DIBAE, Cámaras, PIT-CNT). Esto de por sí es muy valioso, ya que es la primer instancia tripartita de diálogo social y negociación sobre políticas activas de mercado de trabajo, algo que desde nuestro punto de vista debería ser reforzado y ampliado. De otra parte, existe el temor de que evaluaciones negativas sobre los programas sean utilizados para cuestionar la validez de la instancia. La acción recomendable aquí sería la de simultáneamente fortalecer y perfeccionar su funcionamiento. Los desafíos en este campo son múltiples. A la vez que se requieren acciones de mejoramiento de la calidad, pertinencia y cobertura de cada uno de los subsistemas, se precisa articularlos entre sí. Hoy existen lógicas de funcionamiento y enfoques totalmente dispares. La formación inicial posee una impronta educativista (por el peso del CETP). La formación continua para trabajadores activos está librada a la espontaneidad del mercado, y son los propios actores laborales, trabajadores y empresarios, los que en algunos casos se preocupan por introducir regulaciones donde el Estado no lo hace. La reconversión de trabajadores desocupados se inscribe en la lógica de las políticas activas y tiene una impronta de tipo asistencial. Para esto, de modo general, se pueden proponer al menos tres cosas: objetivos o visiones comunes, códigos comunes que faciliten su interrelación, y diversidad de herramientas o ámbitos de acción. ¿Cuál sería el objetivo común? De nuestro punto de vista lo siguiente: Construcción de un sistema nacional de educación-formación permanente. Pongamos una persona cualquiera. A lo largo de su vida, dicha persona necesita acceder a conocimiento y competencias básicas (leer, escribir, interpretar textos, razonamiento lógico, capacidades de comunicación, y manejar diversas herramientas hoy fundamentales: un segundo idioma, nuevas tecnologías, etc.); prepararse para trabajar (una formación técnica y tecnológica para desempeñarse en determinada área ocupacional; actualizar sus conocimientos para su mejor desempeño profesional y laboral, dominando las nuevas tecnologías que sobrevienen; incorporar nuevos conocimientos como forma de reorientar sus capacidades en la búsqueda de nuevas oportunidades laborales; especializarse en ciertas áreas del conocimiento y el trabajo; y, de modo general, adquirir las denominadas “competencias transversales”, aquellas que serán aplicadas independientemente del oficio, ocupación o forma de relación laboral: capacidad de comunicarse, de trabajar en equipo, de gestión y control, etc. Nótese que no se está proponiendo necesariamente la creación de un nuevo organismo (aunque tal vez sí sea necesario es por ahora, algo secundario en esta etapa). Fundamentalmente se trata de articular las cosas que existen de forma tal de utilizar todos los espacios, recursos y capacidades hoy dispersas. El centro de formación o capacitación no es el único ámbito formativo. Lo son también las empresas, los sindicatos, las organizaciones de la sociedad y muchos otros. Todo debería ser utilizado. La cuestión central aquí es desarrollar la capacidad de brindar la formación requerida a cualquier persona, en el momento oportuno, con los contenidos y métodos pertinentes, y con la mejor asignación de recursos posibles. ¿Qué tipo de combinaciones sería deseable contar bajo este esquema?
  • Que cualquier formación recibida en un sistema, fuese reconocida en los otros.
  • Que las competencias adquiridas mediante el trabajo, pudiesen ser reconocidas por el sistema o los subsistemas.
  • Que se puedan construir itinerarios formativos profesionales diferenciados, mediante una original combinación de experiencias formativas, y que den como resultado perfiles profesionales también diferenciados.
Pongamos un par de ejemplos:
  • Si yo recibí una capacitación específica (por ejemplo, revoque en yeso), eso me sea reconocido si pienso realizar un curso de formación profesional en el CETP. Si además yo trabajé en obras donde aprendí a colocar azulejos, mediante una prueba de evaluación eso me sea reconocido y acreditado, eximiéndome de tener que estudiarlo nuevamente. Y si, por último, mediante la educación general secundaria yo ya poseo conocimientos en matemáticas, física o química, también me sea reconocido.
  • Yo estudié una carrera de diseño industrial. Paso luego a trabajar en el sector textil, desarrollando en forma aplicada mis conocimientos allí. Asisto a un curso de capacitación en diseño asistido por computadora. Soy diseñador industrial, y comparto competencias con los diseñadores en arquitectura, en la industria del mueble o del automóvil, pero poseo además un perfil propio. 

Llegar a esto, requiere además establecer códigos de comunicación comunes. Es difícil o imposible articular subsistemas si en uno, lo que se entrega y valora es un certificado que dice que cursé tales materias, con tal cantidad de horas y eso significa que tengo un determinado título; mientras que en el ámbito laboral lo que interesa es si yo sé o no hacer algo. Claro que el empresario puede suponer que si yo tengo un título de mecánico tornero yo sé operar un torno, pero en última instancia lo que le interesa es que yo, efectivamente, lo opere (en la situación actual, con o sin título). Si aun con título no sé que hacer con el torno, no logro demostrar mediante mi desempeño que poseo esa competencia, difícilmente puedo presentar una demanda porque el empresario no quiera reconocer mi certificado. Viceversa, ¿cómo hace el CETP para reconocer los conocimientos que yo adquirí en el trabajo? Ser mecánico tornero requiere de más conocimientos que la operación de un torno. Pongamos que yo aprendí trabajando a operarlos, pero quiero adquirir la formación que me falta a través de uncurso o carrera. La única forma de que no me hagan estudiar lo que ya sé (operar el torno) es hacerme una prueba práctica en la cual yo demuestro que sé hacerlo. De nuevo, el desempeño efectivo y esperado. Lo anterior plantea la necesidad de montar sistemas de normalización (determinación de normas de desempeño que sirven de estándares y guías de evaluación), de evaluación (pruebas) y de certificación (entrega de certificado). Pero cuidado, que tal certificado sería diferente a lo que hasta ahora reconocemos como tal. En la forma tradicional, un certificado dice que adquirí un título (p.e. agente de viajes) después de cursar determinadas materias con determinada carga horaria. En la nueva forma, el certificado “certifica” que yo poseo determinadas “unidades de competencia” (sé manejar un software de reserva de pasajes, sé comunicarme con los clientes y captar su demanda, sé como se emite un pasaje, sé calcular los costos parciales y totales de un paquete turístico, conozco y tomo en cuenta las normas y regulaciones existentes, etc.). Tal sistema es, sobre todo, un sistema de información: las normas de competencia sirven para que el sector privado conozca cuáles son las competencias, o combinación de ellas, que producen un determinado desempeño (en términos de producción, productividad, calidad, costos); para que el sector educativo y de formación profesional oriente mejor su oferta (contenidos y métodos); y para que los y las trabajadores(as) conozcan tanto lo que se busca en el mercado (qué competencias) y dónde y cómo obtenerlas. Sí es importante señalar que la certificación no debería constituirse en un (nuevo) mecanismo de exclusión del trabajo. Por el contrario, ella debería ser parte integral del proceso formativo. Si de 10 cosas que necesito saber para desempeñarme en cierta ocupación, sé ocho y no manejo dos, la evaluación permite identificar esa carencia y enseñar específicamente esas dos cosas. Con esto se ahorran recursos educativos, y se ahorra tiempo de las personas. Se logra un resultado más rápido y más pertinente. Hace algún tiempo hubo un intento desde el MTSS de crear un sistema nacional de normalización y certificación de competencia laboral, pero fracasó. Lo que hay hoy son esfuerzos sectoriales, las más de las veces bipartitos, más esfuerzos de adaptación desde el CETP. Es una tarea ardua y es preciso saber que no se restringe sólo a aspectos técnicos (que los tiene) sino también políticos. En todo caso, también aquí hay bastante experiencia internacional acumulada como para embarcarse en diseños más específicos. Sin embargo la búsqueda de una mejor correspondencia entre competencias ofrecidas y demandadas no se restringe a lo anterior. Esto, entre otros factores por el siguiente: no sólo se debería atender a lo que hoy se precisa (supuesto caso que hayamos logrado saberlo), sino también anticipar aquello que el mercado de trabajo demandará de aquí a 3 o 5 años. Sólo a modo de anotación (ya habrá oportunidad de profundizar en el futuro), se requiere:

  • Construir mecanismos eficientes de observación permanente del mercado de trabajo (los que hay son escasos y poco desarrollados). Esto incluye más que la sola lectura de los oficios y ocupaciones en alza o declive. Incluye también analizar los cambios en las formas de organizar y gestionar la producción y el trabajo, los cambios en el contenido del trabajo, así como el ya mencionado efecto de nuevas tecnologías ya aplicadas en otras partes y que tarde o temprano se aplicarán aquí (p.e. el control numérico aplicado a máquinas-herramientas).
  • Tomar en cuenta que la capacitación específica posee una vida útil cada vez más corta. Es decir, que antes que preocuparnos por el exacto dominio de una tecnología específica, deberíamos preocuparnos por formar para un mejor relacionamiento con el cambio tecnológico (no es lo mismo capacitar en una versión de un procesador de textos, que enseñar cuál es la lógica que está por detrás de cualquier software utilitario, de modo tal que la persona pueda ir pasando de versión en versión por sí misma).
  • Por último, son casi más importantes los métodos que los contenidos de la formación. Lo que se requiere, además de buenos programas, son ambientes cualificantes (sean éstos centros de formación o de trabajo). Esto sobre todo porque hay un conjunto de competencias estratégicas (que cada vez se necesitan más en cualquier trabajo) que por decirlo de algún modo, se “desarrollan a sí mismas”. Creatividad, iniciativa, trabajo en equipo, capacidades de gestión y control, son cosas que se aprenden ejerciéndolas en el ambiente apropiado.
3. El desempleo de larga duración Tal como se mencionara en la parte introductoria, el desempleo de larga duración es un fenómeno relativamente nuevo en términos históricos, con consecuencias a todo nivel, y bastante más complejo de resolver que el desempleo circunstancial. El desempleado de larga duración posee, por lo general, una baja calificación. Esto no significa que la responsabilidad por tal situación sea suya. Las oportunidades de educación y formación no están justamente distribuidas y esta falta de calificación por lo general acompaña un cuadro más general de déficits que configuran toda la historia de vida de la persona. Esa desigual distribución de las oportunidades de acceso al conocimiento resulta de la estructura social y económica y no es culpa de las personas que resultan por ella victimizadas. Pero en términos de consecuencias, el desempleado de larga duración sufre una desestructuración prácticamente total. Pierde su autoestima y confianza en sí mismo. Se siente desvalorizado en el ámbito familiar. Pierde su capital de relacionamiento social. No es parte de nada. No tiene un trabajo, si tiene un oficio a nadie le importa. No forma parte de una empresa. No tiene un negocio. No tiene sindicato. No tiene ingresos. Hasta como consumidor pierde relevancia, ni que decir como ciudadano. Se ha dicho que es el trabajo lo que nos hace humanos. Estas personas pasan entonces a figurar en una subcategoría de menos-que-humanos y así efectivamente se sienten. ¿Qué quiere decir esto? Que aunque tenga acceso al seguro de paro por algunos meses, eso no alcanza. Que aunque se le ofrezca una capacitación, eso no alcanza. Que aunque se le ofrezca participar en un programa para crear microempresas y aun cuando se le dé un crédito, eso no alcanza. Lo que tenemos enfrente es un ser humano, un trabajador, un ciudadano que precisa re-armarse y tornar a reconocerse como tal. Pero además, y desde el punto social y político, estas personas representan en sí mismas la más patente evidencia de la incapacidad de la sociedad para aprovechar a toda su gente, y la renuncia del Estado (y por su vía de toda la sociedad que representa) de defender los derechos de los ciudadanos y ciudadanas. Obviamente lo menos que corresponde aquí es recomendar soluciones fáciles. Pero sí es posible mirar a experiencias de otros países que han buscado acometer este problema. En Brasil, y en varios Estados, existen iniciativas surgidas tanto desde ámbitos sindicales como académicos y de gobiernos locales que, a pesar de su diversidad, se caracterizan por poseer un abordaje integral, atendiendo a las múltiples dimensiones del fenómeno. Un programa típico en este sentido contiene:
  • Se basa en una estrategia de cooperación de diversos actores (sindicatos, gobierno, empresas, ONG).
  • Busca re-institucionalizar al desocupado, hacerlo parte de algo colectivo.
  • A través de lo anterior, que tenga la oportunidad de encontrarse con otros que están afectados por los mismos problemas y reconocerse en ellos.
  • Se brinda asistencia sicológica para superar diversas fracturas. Entre otras cosas, externalizar la culpa por su situación (DE: estoy desocupado porque soy un ignorante, por vago, por incompetente; A: estoy desocupado por existen causas económicas y políticas para ello; DE: estoy solo, A: somos muchos).
  • Se realizan acciones de compensación educativa que ayuden a superar los déficits previos.
  • Se entrega capacitación, pero no de modo descolgado, sino en el marco de lo anterior y como parte de un proceso de desarrollo personal y colectivo.
  • Se da formación política (aunque alguno se espante con el término), para construir colectivamente ciudadanía. Conocimiento de derechos y obligaciones, sí, pero también desarrollo de capacidades de gestión y organización, de preparación para la participación, de conocimiento de la historia y la realidad.
  • Por último, y dependiendo del programa que se considere, lo anterior se complementa con acciones de colocación y pasantías, acceso a microcrédito, de asistencia para la creación o incorporación a cooperativas, etc.

De nuevo, hay bastantes experiencias como para no tener que empezar de cero. 4. Políticas para un desarrollo sostenible, generador de trabajo y bienestar Llegamos aquí al centro de la cuestión. De forma primera y principal, la disponibilidad de fuentes de trabajo e ingreso, incluido el empleo, depende de la actividad económica. Ello implica, en primer lugar, que los enfoques y medidas que en el plano de la política macro-económica se adopten, poseerán una gran influencia. En tal sentido, importan las políticas que en materia cambiaria, fiscal o monetaria se adopten (especialmente la primera) y su estabilidad y la confianza que generen . Sin embargo, no será este el foco de atención en este documento. Alcance con decir, por ahora, que la expectativa está centrada en disponer de una política macroeconómica que, además de ocuparse de la estabilidad de precios, coloque como prioridad principal a la actividad económica y el trabajo. Antes bien nos ocuparemos aquí de aquellas políticas complementarias a la anteriores, de nivel meso y micro, que sería posible impulsar a efectos de apuntar a un modelo de desarrollo sostenible, generador de trabajo y bienestar. Independientemente del marco macro-económico en el que se opere, tales políticas deberían ser implementadas. Obviamente que, si existe una consonancia o relación funcional entre ambas, el efecto de las segundas podrá ser más cercano y amplio. De lo contrario, sus efectos serían más discretos. Importa decir, sin embargo, que las más adecuadas políticas macro-econonómicas difícilmente podrán producir los efectos deseados sin este correlato de políticas meso y micro. El papel del EstadoLa primera pregunta que deberíamos responder como fuerza política que aspira a la conducción del aparato público, es cuál es papel que visualizamos para el Estado a efectos de que éste sea funcional a los objetivos que nos proponemos. De la respuesta a esta pregunta debería surgir, al final, la respuesta a otra pregunta: ¿qué Estado queremos? Lo que es igual que definir qué tipo de reforma del Estado proponemos. Pero empecemos por la primera y con relaciónpor ahora al tema del desarrollo económico y social sostenible, generador de trabajo y bienestar. Y como estamos en un proceso de discusión, lanzaremos algunas afirmaciones para que sean confrontadas, complementadas y, eventualmente, sustituidas. Ellas componen, tomadas conjuntamente, un hilo de razonamiento y son acumulativas: Primera afirmación: en la estrategia de desarrollo propuesta, el Estado tendrá un papel de primera importancia, entre otras razones, por la relativa debilidad de los otros actores que forman parte de tal proceso. Segunda afirmación: sin embargo, también tenemos (y tendremos) un Estado debilitado tanto desde el punto de los recursos que está condiciones de movilizar, como de los márgenes de acción de que dispone. Tercera afirmación: es decir que, como nunca, necesitamos de la acción estatal, pero dada la debilidad y el escaso margen de acción, el papel del Estado no podrá pretender ser hegemónico ni totalizador. Casi todo lo que está por hacerse requiere de la intervención del Estado, pero éste no podrá (ni debe) hacerlo todo. Cuarta afirmación: se deberá, en consecuencia, escoger con sumo cuidado cuáles serán las áreas de intervención pública y su forma. En tal sentido, pensamos en un Estado que desencadena algunos procesos, que refuerza otros en curso, que busca corregir aquellas tendencias que van en sentido contrario de los objetivos buscados, que estimula a otros actores a asumir, a su vez, su papel en el proceso de desarrollo. Quinta afirmación: teniendo claro lo anterior y los objetivos de política, se abren muchas alternativas. a) el Estado actúa por sí mismo en áreas donde no hay otros actores que puedan tomar la iniciativa; b) el Estado se asocia con privados; c) el Estado se asocia con organizaciones de la sociedad; d) alianzas Estado-sector privado-organizaciones de la sociedad; e) el Estado promueve alianzas sector privado-sector privado, sector privado-sociedad, sociedad-sociedad; f) otras que podamos imaginar o que surjan en el camino. Sexta afirmación (y final): hay áreas y responsabilidades a las cuales el Estado no puede renunciar, lo que no quiere decir que sean de su exclusiva incumbencia. No nos referimos aquí a temas que serán abordados en otros documentos y otras discusiones, como las empresas públicas, la educación y otros. Hay, sin embargo, una responsabilidad de la cual el Estado no puede estar omiso: actuar estratégicamente. Desarrollemos. Las administraciones que han estado a cargo del Estado uruguayo durante las últimas décadas han estado omisas de esta responsabilidad. Anteriormente a la dictadura, el ejercicio de la CIDE aparece como un ejemplo (en gran medida frustrado) de lo que estamos diciendo. Posteriormente se podría citar el ejemplo (más frustrado aun) de la CONAPRO. Actuar estratégicamente significa, entre otras cosas, definir qué país se quiere de aquí a 10, 20, 30 años. ¿Cuál será su perfil productivo?¿Cuál su inserción en la región y el mundo?¿Qué sociedad, con qué estilo y calidad de vida? Requiere, a partir de lo anterior, definir también qué potencialidades y qué debilidades existen. Qué se buscará reforzar y estimular, y qué se intentará corregir o cambiar. Finalmente, demanda un conocimiento y análisis de las capacidades y recursos propios del Estado, de las que existen en la sociedad y la economía, y de cómo ellas se usarán y combinarán para apuntar a los objetivos buscados. Este conjunto es lo que podrá dar coherencia y dirección a la conducción del Estado. Cabe agregar, sin embargo, que lo anterior puede ser hecho (y se ha hecho en el mundo) de diversas formas. Se ha hecho bajo gobiernos autoritarios. Se ha hecho a partir de ejercicios tecnoburocráticos. De ahí que muchos ejercicios de planificación estratégica han acabado en economías que crecen, pero que concentran la riqueza y generan exclusión y pobreza. Y se ha hecho también (aunque son los menos) mediante mecanismos democráticos y participativos. Es decir que un gobierno progresista puede tener como primer elemento de diferenciación, la recuperación del Estado como actor que, para cumplir su función de representación de los intereses generales de la sociedad, actúa estratégicamente. Pero además, y para ser efectivamente progresista, debería contener los siguientes elementos:

  • En los objetivos, deberían estar claramente privilegiados la justicia social, la solidaridad y la libertad.
  • Los medios deberían prefigurar en sus formas (y efectos más inmediatos) tales objetivos.
  • La definición de objetivos, los diagnósticos y la construcción del desarrollo, deberían ser participativos. El más amplio diálogo social debería ser un signo distintivo de un gobierno progresista.

Más allá de la participación ciudadanaen elecciones, Uruguay cuenta hoy con experiencias tan escasas comotímidas de participación y diálogo social. Con relación a los temas deque estamos hablando, las experiencias de la JUNAE y del BPS sonprácticamente las únicas que existen. Indudablemente que laconvocatoria a un gran diálogo nacional, con otros actores políticos,pero fundamentalmente con trabajadores, empresarios y organizacionessociales tendría gran importancia. Ello serviría, en caso de funcionar,para dar un gran marco para un ejercicio más profundo y diversificadodel diálogo social como herramienta para construir el desarrollo. Peroes justamente la capacidad que se tenga de extender esta práctica a másámbitos y niveles lo que dará más garantías de éxito. Estamos hablandode diálogo social y participación efectiva en el nivel de la empresa(con relaciones laborales modernas y derechos respetados), al nivel delos sectores y cadenas productivas, al nivel local (regiones,departamentos, ciudades, pueblos y barrios).Y a los efectos de evitar tergiversaciones malintencionadas, ha dequedar claro que no estamos promoviendo que todo se decida entre todos.No se trata de que todas las localidades del Uruguay decidan qué tasade devaluación operará en el 2005. Se trata sí de los diferentesactores puedan incidir en aquellos ámbitos donde hay decisiones que lesinvolucran cercanamente y en la propia operativa de las accionespropuestas. Por ejemplo, proyectos productivos a ser priorizados en unadeterminada localidad, qué tipo de arreglo institucional se diseña eimplementa para responder a las demandas de capacitación de un ciertosector, cómo se vinculan en una empresa los incrementos de laproductividad con los temas salariales, etc.

Políticas sectoriales y de especialización productiva Resulta claro que el Uruguay no podrá desarrollar un perfil competitivo en todas las áreas y sectores. Parte del ejercicio de planificación estratégica consiste precisamente en determinar cuáles son aquellos sectores o cadenas que, en función de ventajas comparativas propias o de la subregión (Mercosur), o de los aspectos que potencialmente pueden convertirse en ventajas competitivas, pueden transformarse en claves para la generación de riqueza y trabajo. Una vez hecho esto, deberíamos ser capaces de conocer, entender y actuar en la integralidad y toda la extensión de cada sector o cadena productiva, nuevamente con un sentido estratégico. En este sentido, resulta claro que buena parte de estos sectores clave continuarán estando vinculadas a cadenas agroindustriales. Y no se está hablando aquí de un perfil de país exportador de materias primas, sino de cadenas con alto valor agregado. El complejo cárnico, entre otros, es una de estas cadenas que ya ha iniciado un proceso en este sentido, que el próximo gobierno deberá continuar profundizando. No se trata ya de exportar ganado en pie, sino de una cadena que ya se está acercando a los más exigentes estándares en materia de calidad e incorporando tecnología de avanzada en diversas fases. Continuar fortaleciendo la competitividad de este sector implicará atender las actividades de mejora genética, las condiciones y procedimientos de cría (alimentación, sanidad animal), traslado de animales, procedimientos de faena, preparación de cortes, envasado, normas de higiene, conservación y traslado de productos, en suma, absolutamente todo, desde la genética hasta que el producto es finalmente consumido en un restaurante o un supermercado de cualquier país. Además implica estudiar y conocer la demanda en cada destino actual o potencial, sus cambios, amén de las innovaciones tecnológicas y cambios en la estrategia de la competencia. Visto desde el Estado, el desafío consiste no sólo en contribuir al desarrollo de una visión estratégica en conjunto con los actores del sector, sino visualizar también qué otras externalidades se pueden generar (empleo, creación de empresas que presten servicios al sector, etc.) y diseñar una estrategia de intervención donde se combinen las diferentes herramientas que en la esfera pública existen, articulándolas con las capacidades propias de los actores involucrados. En tal sentido, el complejo cárnico no es de competencia exclusiva del MGAP. Los recursos y capacidades de este Ministerio deberían combinarse lo más eficazmente posible, con los espacios de innovación y desarrollo científico y tecnológico, con las entidades de formación y capacitación, con los mecanismos de crédito, y con todo aquel dispositivo de política que tenga algo para aportar. Como ejemplo en contrario (de nula planificación estratégica) podría citarse el caso del sector forestal. Se trata de un ejemplo de qué tipo de trastornos y de pérdida de oportunidades tienen las acciones agolpe de balde y unilaterales. Se promulga una ley que incentiva la inversión en plantaciones forestales, pero no se usa un mínimo de tiempo para estudiar la posibilidad de, además de exportar a granel (madera chipeada), generar una cadena con más de una transformación y, por tanto con mayor valor agregado (por ejemplo, industria del mueble, de materiales para construcción, etc.). Llegamos al 2004 con una situación impuesta: una oferta casi monopólica (Euforest-ENCE) que fija los precios y deja sin capacidad competir a inversiones ya hechas, aunque desemboca en una nueva inversión (planta de celulosa de M’Bopicuá) que, al margen de consideraciones ambientales, genera empleo en una región (Río Negro); por contrapartida, inversiones chilenas que para sacar la madera chipeada necesita un puerto con la profundidad suficiente que le permita sacarla (polémica por puerto en La Paloma). Lo que queda claro en el primer caso, es que hubo una empresa que sí pensó estratégicamente y está próxima cosechar los frutos. Esto no es malo, genera empleo y si las dudas sobre la sustentabilidad ambiental se despejan será mejor. Pero ¿y el resto de cosas que pudieron haberse previsto y hacerse? Ya anotamos que sólo se terminó apostando hacia una cadena de bajo valor agregado (excepto el caso expuesto, con la celulosa). ¿Se pensó además en el manejo de las plantaciones y la correspondiente capacitación? No, salvo por cursos sueltos para motosierristas. ¿Se pensó en cómo se podría ver afectada la infraestructura vial y en que previsiones tomar? No. ¿se sopesaron las alternativas en términos de medios de transporte (vial, férreo) y en las alternativas de salida del país? No. El sector forestal se presta especialmente para una ejercicio de planificación y sin embargo no se hizo. Tampoco, creemos, se estudiaron otras posibilidades que partir de estas inversiones podrían haber generado más valor agregado y más trabajo para los uruguayos. No nos adentraremos más aquí en el análisis de cuál debería ser el perfil productivo del país y qué sectores deberían ser priorizados (que es justamente la materia de tipo de ejercicio que estamos proponiendo). Si embargo, un agregado: en la mayor parte de los casos, se tratará de sectores intensivos en conocimiento. Esto no es antojadizo, obedece a, al menos, tres razones de peso: a) la capacidad de competir en el mundo actual va crecientemente en el sentido de la inversión en conocimiento que esté por detrás de los productos y servicios ofrecidos, agregar valor significa cada vez más agregar conocimiento; b) el factor conocimiento se convierte crecientemente, en consecuencia, en el principal y en la mejor estrategia para incrementar la productividad; c) Uruguay dispone de este activo en forma mayor, comparativamente hablando, que muchos países (aunque sus niveles de inversión ni se acercan a los de, por ejemplo, los países del sudeste asiático. Se trata, además, de un activo infinitamente desarrollable. La inversión en conocimiento debería recorrer al menos tres caminos: en investigación, desarrollo y adaptación tecnológica; en educación general; y en formación profesional y capacitación. Fundamentalmente ésta última (aunque también las otras dos) debería estar profundamente involucrada con las prioridades que en materia de desarrollo sectorial establezca el país. Y a modo de nota final, por sectores intensivos en conocimiento entendemos no sólo a aquellos donde el producto es el propio conocimiento (industria del software, logística, educación), sino cualquier sector productivo (agroindustrial, industrial, comercio y servicios). Estrategias de desarrollo localOtro enfoque, complementario del anterior, para pensar las políticas de desarrollo y generación de trabajo es el que generalmente se ubica bajo el rótulo de “estrategias de desarrollo económico local” (DEL). Este enfoque se aplica a una variedad de instrumentos que, por oposición a la tradición de las políticas centralistas de desarrollo, procuran animar los procesos de fortalecimiento de las ventajas comparativas que se manifiestan en determinados territorios. Para ello, las estrategias se centran más en lo que se conoce como factores “endógenos”: el tejido económico local, los recursos humanos y el marco institucional local. Consiste, en definitiva, en trabajar sobre la base de que la actividad económica dependa de las condiciones socioeconómicas del lugar, en vez de lo contrario. La sustitución del término “políticas” por el de “estrategias” no es antojadiza. Ello se vincula al proceso de revisión de aquellas concepciones que, históricamente, identificaron a las políticas públicas con un campo donde la prerrogativa e incluso hasta el monopolio de la acción radicaba en el aparato estatal, las más de las veces central. En el nuevo enfoque, en cambio, la acción pública estatal se articula con la iniciativa, recursos y capacidades de los actores sociales y privados, redibujando lo que se considera como el espacio de “lo público”. Este último pasa a ser entendido en su acepción más esencial y primigenia: aquello que atañe a los asuntos de interés común y cuya gestión convoca a todos los actores involucrados, desde su propia identidad. Existen una serie de esfuerzos orientados a determinar los aspectos o componentes distintivos de este enfoque, pero, sintetizando, diremos que hay cuatro rasgos básicos que caracterizan a las estrategias DEL:

  • necesitan de la participación y el diálogo social;
  • se basan en un territorio;
  • implican la movilización de los recursos y ventajas comparativas locales, y
  • son realizados y gestionados localmente.
También resulta útil pensar a las estrategias DEL como una combinación del desarrollo de tres dimensiones, a las que algún autor (Vázquez Barquero) denomina hardware, software y orgware económico. El hardware refiere a aspectos tales como las infraestructuras básicas, redes de comunicación y transportes, así como al espacio industrial y la infraestructura con fines educativos, de salud y cultura. El software refiere al diseño e implementación de estrategias integrales de desarrollo local. Esto incluye el diagnóstico de cuáles son las ventajas comparativas y las disfuncionalidades de cada espacio, así como la articulación de cuatro ejes: la mejora de la competitividad de las empresas locales, la atracción de inversión externa, la mejora del capital humano o de la formación de mano de obra y la construcción de infraestructura. El objetivo básico aquí es la construcción de una estrategia de desarrollo local equilibrada que contribuya a la generación de desarrollo sostenible y a la creación de empleo. El supuesto aquí es que, en la medida que se logre que toda actividad económica que tenga lugar en un territorio dependa de las condiciones locales, y a base de gestionar la estrategia localmente, se puede inferir que el empleo creado será probablemente de mejor calidad que en otras alternativas de políticas de desarrollo. El orgware, en tanto, refiere a la capacidad de las instituciones y organizaciones de diseñar, poner en marcha y controlar toda la estrategia de desarrollo. El desarrollo de esta dimensión va más allá de la mera coordinación vertical y horizontal de los diferentes niveles de gobierno y de los actores públicos y privados, pues implica dar un papel más destacado a la sociedad local, a base de incentivar mayor voz y voto en lo que a su propio destino se refiere. Con todo el fortalecimiento de las sociedades locales no debería ser considerado como la meta principal o única de cualquier estrategia DEL, sino como un medio para conseguir el fin de lograr el desarrollo sostenible, generando empleo y un mayor dinamismo económico. Una característica no siempre mencionada en forma explícita, pero presente siempre en los abordajes teóricos sobre el desarrollo económico local, es la que refiere al papel central de conocimiento. De forma análoga a lo que sucede con las personas y la relación entre sus oportunidades en el mercado de trabajo y sus niveles de calificación, y al igual que aquellas empresas que obtienen mayores niveles de productividad y competitividad cuando logran utilizar de forma más efectiva el factor conocimiento, los territorios y sociedades locales poseen más chances cuanto mayor sea su capital en este aspecto. Desde cierto punto de vista, el nivel promedio de calificación con que cuente la población de un territorio, puede ser considerada como una ventaja comparativa, al igual que la disponibilidad que ese mismo territorio posea de ciertos recursos naturales. Esto, con ser importante, no es condición suficiente para sustentar un proceso de desarrollo económico local. Esta relativamente mayor disponibilidad de conocimiento de un área con respecto a otras, suele ser, en América Latina y el Caribe, más el resultado de un inversión hecha centralmente en políticas de educación y formación, que de procesos endógenos de generación de conocimiento. Puede decirse entonces que el hecho de que un territorio que posea una población con mayores niveles de calificación que otro dentro o fuera de un país, puede hacerlo potencialmente más atractivo para, por ejemplo, la recepción de inversiones. Sin embargo, también es probable que esta ventaja corra el riesgo de revertirse en función de déficits que puedan presentarse en las otras dimensiones que componenun proceso de desarrollo económico local, o bien (o junto a) una gestión local deficiente en materia de generación de conocimiento.   Lo que aparentemente sí marcaría una diferencia consistente y, por tanto, una ventaja competitiva, sería la capacidad de un territorio de aprender. Esto es coincidente con todo lo escrito de forma más relacionada con las organizaciones productivas, donde se coloca cada vez un mayor énfasis en dicha capacidad de aprender. No se trata entonces de disponer de un activo fijo, sino de mantenerlo, incrementarlo y desarrollarlo de manera original. De ahí que varios autores se refieran a los casos exitosos de desarrollo económico local como “regiones que aprenden” (learning region) o “regiones inteligentes” (smart region). Esto puede ser visto simultáneamente como un factor causal para procesos de desarrollo endógeno y como una característica resultante de la combinación de factores que hacen posible tanto el desarrollo de la economía como del conocimiento. Lo anterior es especialmente relevante cuando consideramos a la relación global-local en forma compleja. Se trata (aún con tantos ejemplos en contrario) de concebir a la globalización como una oportunidad y un desafío a explotar en pro del desarrollo local. En este sentido se destacan aquellas iniciativas donde regiones han procurado adoptar con mayor o menor éxito estrategias de inserción en las nuevas lógicas globales, a veces desde un punto de vista pasivo o funcional a las primeras, y en otras apoyándose en los aspectos característicos y peculiares de las sociedades, territorios y sus tejidos productivos, como forma de diseñar estrategias de competitividad distintivas. La posibilidad de complementariedad entre globalización y desarrollo local aparece como posible en la medida que el mercado mundial necesita cada vez más multiplicar y diferenciar los productos y los consumos; de esta manera, lo que se produce en el nivel local comienza a valorizarse más, ya que se agrega la particularidad, calidad y valor a los productos para la competición en el mercado global. Cabe preguntarse, en consecuencia, sobre las razones que permiten que la información y el conocimiento surjan en unas regiones y no en otras y hasta qué punto estos activos deberían acumularse para que una región se pueda denominar como región inteligente o región que aprende. Uno de los aprendizajes obtenidos a partir de determinadas concentraciones de actividad económica es que, en sus ejemplos más exitosos, ellas están poderosa y primeramente influenciadas porcorrelativas concentraciones de experiencia y trabajo calificado, por la disponibilidad de educación y formación especializada y la medida en que produce y desarrolla capacidades y conocimiento. La clave del éxito de la casi totalidad de los clusters (concentraciones) industriales parece estar en la presencia de trabajadores con las capacidades y conocimiento apropiados para las industrias localizadas dentro de las variables fronteras de dichas concentraciones. Si bien las industrias necesitan de capacidades generales fácilmente transferibles, también demandan competencias específicas que suelen ser más escasas. En este sentido, las empresas tienden a valorar la disponibilidad de trabajadores familiarizados con las operaciones involucradas en sus negocios y que sean capaces de aplicar sus conocimientos en ambiente particular que un cluster genera. La razón por la cual esta “geografía de los recursos humanos” es tan importante es que los otros recursos clave, incluida la tecnología y el capital financiero, pueden ser transferidos instantáneamente, extremo que no sucede con el capital humano calificado. Esto lleva a que no haya nada más importante para un cluster que el desarrollo de sus recursos humanos y que, simultáneamente, no exista otra área donde la dependencia del Estado sea más importante, al ser éste último el más importante inversor individual en educación y formación. Igualmente importante es que los clustersconstituyen una oportunidad para estudiantes y trabajadores. Cuantos más empleadores estén concentrados en una región, más se trasladan a ella oportunidades de empleo, de aprendizaje y de desarrollo de carreras profesionales. La formación y capacitación de los recursos humanos que posea un territorio no es absoluto un tema menor.Los mercados de trabajo especializados, proveen a las empresas más opciones y hacen a determinadas localizaciones más deseables, aún en condiciones de alta competencia por los recursos humanos. Las empresas generalmente colocan en primer lugar la existencia de un mercado de trabajo especializado sobre otros factores a la hora de adoptar decisiones en materia de expansión o localización empresarial. En Uruguay el desarrollo de este tipo de enfoque es absolutamente incipiente (existen algunas corporaciones locales de desarrollo y algunos comités locales de empleo). Sí ha existido uno o varios discursos a favor de una mayor descentralización, sobre todo desde el Partido Nacional y desde el Frente Amplio. Sin embargo la descentralización es sólo uno de los componentes en este tema y queda renga en la medida que no sean consideradas otras dimensiones tan o más importantes. Sin entrar aquí en todos los aspectos, si interesa destacar nos parece es la “piedra de toque” de este tema: la capacidad de los actores locales de gestionar las estrategias de desarrollo. Existen experiencias en América Latina de descentralización sin la correspondiente inversión en desarrollo de tales capacidades, con efectos desastrosos. En un país relativamente pequeño como el nuestro, probablemente será necesario una acción convergente desde el nivel central y los niveles locales. De un lado tenemos una división político administrativa (19 departamentos) que no se corresponde exactamente con las regiones económicas del país. Se requiere, por tanto, un proceso de determinación de regiones económicas, donde puedan identificarse tejidos productivos particulares. Simultáneamente se debería tomar en cuenta que estamos en presencia de fronteras con más sentido que las político-adiministrativas, pero que no por ello dejan de tener fronteras porosas y móviles. De hecho, si se combina este tipo de análisis con el sectorial anteriormente planteado, encontraremos diversas configuraciones que requerirán diferentes combinaciones de herramientas de política. Así por ejemplo, si tomásemos el Departamento de Florida, éste estará involucrado en las políticas sectoriales para el sector lanero junto a otros departamentos. Sin embargo, en el mismo territorio se encuentran concentraciones de producción granjera (que lo vincula con San José y Canelones), lechera, de miel y agroturística. Estas actividades son como cordones umbilicales que vinculan a Florida con el país y el mundo. Pero a su vez, existe una comunidad, con sus actores locales, con sus señas de identidad (San Cono, el Altar de la Patria, etc.) que aspira a más trabajo, riqueza y bienestar. Sólo mediante el desarrollo de capacidades de gestión en el plano local, hará que Florida se vincule lo más eficientemente posible con el resto del país y el mundo, que aproveche las políticas sectoriales en beneficio de su gente, y que a la vez la comunidad y el territorio mantengan aquellas características que hacen a los floridenses sentirse orgullosos, y que a su vez los presentan como algo diferente y original (cosa que también puede ser utilizada con fines económicos). La combinación de políticas en el terrenoLlegados a este punto, tenemos que existe un Estado débil, pero que en términos relativos continúa siendo fundamental (por definición y también por la debilidad relativa de los otros actores que se necesita que estén). Un Estado que dispone de una serie de dispositivos de política actualmente, que serán seguramente redefinidos en el gobierno progresista, pero que aun así, continuarán siendo diversos. El primer problema es, entonces, cómo lograr la combinación en terreno –para una política de desarrollo sectorial, para una estrategia de desarrollo local- lo más eficaz posible de tales instrumentos: Ministerios, empresas públicas, universidad, sistema educativo, intendencias, institutos tecnológicos, etc. El segundo (pero que hay que resolver en forma simultánea) es colocar dicha combinación en una relación funcional, de correspondencia con las capacidades de los sectores, territorios y sus actores. Para ello se requerirían varios esfuerzos convergentes:
  • Fortalecer, como ya se dijo, la capacidad de los actores sectoriales y locales para la gestión de las estrategias de desarrollo económico y social. Esto puede incluir acciones de: identificación de arreglos institucionales sectoriales o locales existentes para establecer un diálogo y atender en la medida de lo posible sus demandas; capacitar a los actores; identificar buenas prácticas y difundirlas ampliamente; identificar en el mundo buenas prácticas y difundirlas en Uruguay; mejorar los medios de acceso a la información y a la comunicación; etc. Esto es: fortalecer y cualificar a aquellos actores (y arreglos entre actores) que son necesarios para el desarrollo y que trabajarán mancomunadamente con Estado.
  • Asistir técnicamente a tales actores y en sus arreglos institucionales para el diagnóstico de necesidades, debilidades y fortalezas; la definición de metas y medios, no como un servicio central sino como una función facilitadora (y también cualificadora).
  • Racionalizar la oferta de servicios públicos y dispositivos de política, apuntando sobre todo a una mejor coordinación horizontal y vertical, y a una mejor comunicación.
Esto último, se nos ocurre, puede impulsarse a través de dos vías: una, a través del propio fortalecimiento de los arreglos sectoriales y locales, que mejoran su conocimiento de los dispositivos de política, son más eficientes en la comunicación a los sujetos de atención y pueden contribuir sugiriendo formas de racionalización y combinación de dispositivos en el terreno. Dos, quizás transitoriamente, preparando una serie de “gestores” o “funcionarios enciclopédicos” (se aceptan mejores sugerencias para el nombre). Esto último viene a consistir en funcionarios públicos especialmente preparados para manejar el conjunto de dispositivos de política existentes y diseñar en forma interactiva con el usuario (intendencia, cámara, sindicato, empresa, etc.) soluciones “a medida”. Póngase por ejemplo el caso de un productor rural. Existen una serie de dispositivos creados (y otros que se puedan crear) para atender su problemática: capacitación, asesoría técnica y tecnológica, crédito, subsidios, etc. Quizás uno depende de UTU (CETP), otro del MGAP, otro del LATU, otro del BROU, y otro de Impositiva. ¿Cómo llegar a la combinación y aprovechamiento óptimos de estos instrumentos para la situación concreta de ese productor? O existe un actor (por ejemplo una gremial), o existe un servicio público, o bien una combinación de ambos. La articulación de políticas y programas públicos en materia de trabajo e ingresosDel mismo modo en que es dable imaginar nuevas formas de combinar en terreno las políticas orientadas al desarrollo productivo, otro tanto es factible de hacer en materia de políticas pasivas y activas de mercado de trabajo. Actualmente existe una cierta batería de programas públicos. Por un lado, están los programas ofrecidos desde JUNAE (PROCAL, PROJOVEN, PROIMUJER, Capacitación de Trabajadores Rurales, PROCLADIS, Integra, etc.). Por otro, están las iniciativas lanzadas en algunos departamentos por las intendencias (programas de empleo de emergencia, jornales solidarios, programas para jóvenes como “Girasoles”). Finalmente, están las estructuras que, como la educación media técnica (CETP-UTU) mantienen relación con buena parte de los mismos públicos y que, inclusive, participan de algunos programas como los gestionados desde JUNAE. En los hechos con lo que se cuenta es con una serie de programas focalizados (desempleados del sector formal, jóvenes de escasos recursos, mujeres, discapacitados, trabajadores rurales, etc.), que no alcanzan a dar cuenta de la demanda total en cada uno de dichos colectivos. Con relación a los programas municipales ya existe experiencia acerca de cuánto supera la demanda a la oferta. Los programas contienen también diferencias en lo que ofrecen: en el caso de PROCAL se trata básicamente de una capacitación puntual a cargo de una ECA; en Proimujer o Projoven se intenta desarrollar un proceso de más alcance y duración. Pero una característica común es la de que dichos Programas “encapsulan”, por decirlo de algún modo, a sus poblaciones objetivo. Si tengo entre 17 y 24 años, vengo de un hogar de bajos ingresos, tengo baja escolaridad y no tengo un empleo formal ni estoy en seguro de paro, puedo ser candidato a PROJOVEN. Si soy desempleado del sector privado, acogido al seguro de paro, puedo acogerme a PROCAL. Y así. Una primera observación entonces, sería la de la falta de conectividad o integración entre los programas existentes. El supuesto por detrás es que, mediante la intervención con un programa focalizado, se solucionarían los problemas típicos de un determinado colectivo o, al menos, se quitarían algunas de las principales trabas. Como se verá enseguida, es posible establecer itinerarios que vinculen los distintos programas públicos que permitan ir acompañando la evolución laboral, profesional y social de los sujetos de atención. La segunda observación refiere a que, si bien cada programa define un determinado colectivo de atención, ésta última es, en definitiva, individual (un joven, un desocupado, una jefa de hogar, un trabajador rural). Con esto no se pretende cuestionar, si es que existe, una atención de tipo personalizada. Sin embargo, los colectivos no siempre se pueden definir exclusivamente mediante categorías estadísticas (edad, sexo), o económicas (activo, inactivo desempleado). Los colectivos son, fundamentalmente, conjuntos de personas vinculadas por intereses, valores y objetivos comunes. Pueden serlo a partir de factores de origen (la localidad, el barrio, etc. más otros como los actualmente utilizados: la edad, género, etc.), y también a partir de proyectos futuros, expectativas, etc. Esto puede llevarnos a redefinir buena parte de los enfoques que han estado por detrás de muchos programas públicos. En lugar de atender a una persona porque tiene ciertas características (edad, sexo, situación laboral, ingresos), integrarla en un proceso de desarrollo simultáneamente personal y colectivo (un proyecto de desarrollo local, un emprendimiento productivo, una iniciativa de interés social). Algunas experiencias internacionales, como la que se adjunta de la Prefeitura de Sao Paulo, apuntan no sólo a una mayor densidad de programas públicos, sino también a tres aspectos fundamentales:
  • Conectividad entre los programas: un desocupado se cerca a un programa de tipo redistributivo, como es el caso del Programa de ingreso (renda) mínima que proporciona una ayuda financiera a familias de bajos ingresos con niños en edad escolar. Antes que dejar aquí la relación se le puede facilitar la orientación y el acceso a Programas de capacitación o de bolsa de trabajo o de microcrédito, etc.
  • Relación acumulativa entre programas: se tienen programas de distinto nivel pero que los de tipo más general se apoyan en los más particulares. En este sentido se han establecidos tres niveles de programas: programas redistributivos (ingreso mínimo, Bolsa de Trabajo, Operación Trabajo, Comenzar de nuevo); programas emancipatorios (Oportunidad solidaria, San Pablo Confía, Capacitación Ocupacional); y Programas de Apoyo al Desarrollo Local (Desarrollo local y San Pablo Integra). Esto significa que, antes que programas focalizados separados, existe una estructura lógica y operativa de los mismos, permitiendo que en buena medida los programas de desarrollo local y de integración social se apoyen en una combinación de programas redistributivos y emancipatorios.
  • Propenden a la construcción de proyectos colectivos que operan como herramienta de desarrollo personal y comunitario, socializando a los participantes en más ámbitos donde tienen la oportunidad de tornarse en protagonistas de su propio progreso y el de su sector o comunidad. La primera relación puede ser individual (un desocupado accede a un ingreso mínimo con el compromiso de mantener a sus hijos en la escuela). Sin embargo, y simultáneamente, se le orienta y facilita el acceso a programas donde puede encontrarse con otros (no necesariamente desocupados, ni de la misma edad, u otro de los elementos que se utilizan como “filtro” en los programas focalizados) para recibir capacitación y formación ciudadana, para desarrollar un emprendimiento productivo o un proyecto de interés social, para acceder a los programas de microcrédito. Y paulatinamente, en el mismo proceso, se le va dando la oportunidad de integrarse en proyectos colectivos: el desarrollo de su barrio, de un sector productivo, etc.

 

Además, un par de apuntes. Primero, nótese que no se trata ya de programas exclusivamente de empleo en sentido típico (empleos de emergencia, capacitación, colocación). Son programas orientados fuertemente a favorecer la construcción de ciudadanía, a desarrollar capacidades individuales y colectivas, a que las personas dejen de ser “beneficiarias” de los programas, para convertirse en protagonistas de proyectos colectivos. Segundo, este enfoque no es necesariamente excluyente de políticas pasivas (como el seguro de paro), ni de las activas actualmente existentes (p.e. capacitación), lo innovador reside en el enfoque integrador, en impronta participativa y en ver la globalidad de los problemas y no exclusivamente las trabas aquí o allá. Es una aplicación del mismo concepto que se defendió antes para las políticas sectoriales y las estrategias locales. 5. Algunas cosas que han quedado afuera y que habrá también que discutir Las condiciones en que este borrador ha sido elaborado (robándole tiempo al tiempo) nos han llevado a dejar afuera otras cuestiones que dicen relación con el mismo tema. En la alternativa optamos por aquello donde teníamos más acumulación. Ya se mencionó antes las cuestiones macroeconómicas. Si embargo es bueno al menos apuntar que habrá que discutir, al menos, dos cosas más:

  • La cuestión del reparto del tiempo de trabajo como estrategia de generación de empleo. Es decir, la posible reducción de la jornada laboral, tal como se ha planteado en países europeos y hoy es discutida en Brasil. Esto tiene muchas puntas, entre ellas, como evitar el incremento mayor del doble trabajo, y si se toca o no el salario y que relación se establece con los incrementos de productividad.
  • Los dispositivos legales y fiscales de promoción del empleo. Leyes de empleo juvenil, reglamentación de contratos de aprendizaje, exoneración de aportes contra contratación, subsidios a la capacitación en la empresas, etc.
Fernando Casanova
  Una experiencia para tomar en cuenta: los programas de la Secretaría de Trabajo de la Prefeitura Municipal de San Pablo (no hubo tiempo de traducir) Programas Redistributivos O programa Renda Mínima garante que as famílias com renda inferior a meio salário mínimo per capita, residentes há 2 anos, no mínimo, no município de São Paulo e com filhos e/ou dependentes legais de até 15 anos de idade recebam uma bolsa mensal em dinheiro para mantê-los na escola. Essa complementação monetária da renda familiar está associada à freqüência escolar (85%) dessas crianças e adolescentes. O programa é um direito do cidadão instituído por lei municipal. O Bolsa Trabalho-Renda é um programa de capacitação profissional dirigido a jovens de 16 a 20 anos de idade, desempregados, pertencentes a famílias de baixa renda, garantindo uma renda condicionada à freqüência escolar (para os que ainda não concluíram o Ensino Médio) e à capacitação adicional no desenvolvimento de atividades comunitárias. O Bolsa Trabalho-Cursinho é um programa que visa aumentar a possibilidade do acesso de jovens ao ensino superior, propiciando cursos preparatórios pré-universitários. É destinado a jovens de 16 a 29 anos, que tenham concluído o ensino no nível médio, inclusive profissionalizante, e que estejam desempregados. Foi lançado em fevereiro de 2003. O Bolsa Trabalho-Estágio é um programa executado em parceria com o CIEE e a Unesco. O objetivo é combater a exclusão social na cidade de São Paulo por meio da intermediação de vagas de estágio para jovens entre 16 e 29 anos, que estejam cursando o ensino médio, educação profissional ou superior e que residam há pelo menos dois anos no município. Os estágios ocorrerão em empresas privadas, organizações não-governamentais ou órgãos públicos. Foi lançado em fevereiro de 2003. Direcionado aos trabalhadores desempregados há, no mínimo 8 meses e que pertencem a famílias de baixa renda, o programa Operação Trabalho é uma incubadora de empreendimentos coletivos e individuais, para ampliar as condições de geração de ocupação e renda. O programa também beneficia moradores de rua da cidade. O Operação Trabalho fornece uma garantia de renda, capacitação e atividades gerais em órgãos e secretarias da prefeitura, visando a reinserção desses trabalhadores no mercado. O programa Começar de Novo-Renda é um recurso em dinheiro pago pela Prefeitura de São Paulo aos desempregados com 40 anos ou mais, pertencentes às famílias de baixa renda, visando estimular a reinserção desses trabalhadores no mercado de trabalho. Foi lançado em abril de 2001. Cerca de 55 mil adultos já foram beneficiados pelo programa até março de 2004. O Começar de Novo-Emprego é um programa que possibilita a reinserção no mercado formal de trabalho do desempregado com 40 anos ou mais de idade e que tenha concluído o ensino fundamental, garantindo treinamento para adaptação laboral no local de trabalho. Foi lançado em fevereiro de 2003. Programas emancipatorios O programa Oportunidade Solidária foi criado por Portaria do secretário do Desenvolvimento, Trabalho e Solidariedade em agosto de 2001 e hoje está implantado em 34 Distritos Administrativos do Município. Público-alvo É um programa de fomento à economia popular solidária (cooperativismo, associativismo, redes e outras formas solidárias de organização econômica) junto às comunidades empobrecidas na cidade de São Paulo, particularmente junto aos beneficiados dos programas redistributivos de renda da Prefeitura de São Paulo. Desta forma, é parte da estratégia paulistana de inclusão social, sendo um dos programas da linha emancipatória. O programa São Paulo Confia, o Banco do Povo, promove o acesso ao crédito para a população do município de São Paulo, excluída do sistema financeiro tradicional. Para isso o Banco do Povo identificou e articulou as linhas de crédito disponíveis nos bancos públicos federais (Banco do Brasil e Caixa Econômica Federal) e criou linhas para beneficiar empreendedores populares que são operadas pelo programa São Paulo Confia. O programa Capacitação Ocupacional é um dos instrumentos da estratégia paulistana no combate à exclusão e ao desemprego. Vem completar os chamados Programas Emancipatórios (ao lado do Oportunidade Solidária e o São Paulo Confia, o Banco do Povo), que visam dar instrumental, apoio, assistência e crédito às famílias atendidas pelos Programas Redistributivos (Renda Mínima, Bolsa Trabalho, Começar de Novo e Operação Trabalho), para que saiam da linha da miséria, tenham novas oportunidades de reinserção social e para desenvolver possibilidades de geração de trabalho e renda. O Capacitação Ocupacional visa capacitar os beneficiários dos programas sociais da Prefeitura, proporcionando-lhes formação voltada para o exercício da cidadania e para o mercado de trabalho, visando geração de trabalho e renda e o desenvolvimento de atividades de utilidade coletiva e comunitárias. Programas de apoyo al desarrollo local O programa Desenvolvimento Local é constituído de uma rede articulada e integrada de ações governamentais e não-governamentais voltadas para a recuperação de elos da cadeia produtiva e de apoio ao desenvolvimento local, tomando como referência o espaço urbano de São Paulo. O alvo prioritário é a promoção da inclusão social por meio da geração de emprego e renda. Foi lançado em 17 maio de 2002. O programa integra o conjunto de ações e projetos de desenvolvimento social da Secretaria do Desenvolvimento, Trabalho e Solidariedade (SDTS). Seu objetivo principal é estimular o surgimento de condições objetivas que favoreçam o desenvolvimento econômico e social nas diversas áreas do município de São Paulo e em seus diferentes setores econômicos. De maneira inovadora, o programa cria e potencializa os Fóruns de Desenvolvimento como instrumentos de aglutinação e articulação do poder público com a iniciativa privada e os demais setores da sociedade. No âmbito das cadeias produtivas, são articulados os Fóruns de Desenvolvimento Setorial, como:
  • Gemas e Jóias
  • Abastecimento e Cerealistas
  • Têxtil
  • Madeireiro e Moveleiro
  • Químico e Plástico
  • Hoteleiro e Restaurantes
  • Ensino Superior
  • Micro e Pequenas Empresas
  • Confecções e Vestuário
  • Transporte de Cargas
  • Tintas
  • Autopeças
  • Eletroeletrônicos
Na esfera territorial local, os Fóruns de Desenvolvimento Distrital envolvem as 31 subprefeituras. A idéia é estender o trabalho até a Região Metropolitana de São Paulo. Os Fóruns são formados com a participação do governo local/subprefeitura, representante da SDTS e representantes da sociedade civil organizada, que é trabalhada em duas categorias: entidades privadas (indústrias, comércios, profissionais liberais, serviços e associações de empregadores) e entidades sociais (ONGs, sindicatos e associações). O São Paulo Inclui é um dos Programas Sociais da Prefeitura de São Paulo que integra a estratégia de paulistana de inclusão social e atua no eixo do Desenvolvimento Local. O programa foi concebido para fazer a intermediação de mão-de-obra, visando realizar a ligação da parcela desempregada da população do município de São Paulo com alternativas de geração de trabalho e renda. O programa foi lançado na ocasião da assinatura do "Pacto pelo Emprego", em maio de 2002. O pacto é um dos instrumentos para participação da iniciativa privada no programa, no qual a empresa disponibiliza vagas, sempre que tiver necessidade de novos funcionários, e o São Paulo Inclui encaminha candidato conforme o perfil de trabalhador demandado pela empresa. Cabe agregar que mediante el FRL Junae financia también otros programas, como el de capacitación de trabajadores rurales, mujeres y otros. Sin embargo el peso de PROCALes el más importante en número de acciones, cobertura y recursos utilizados.
 
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